Si los wearables médicos quieren salvar vidas, deberían ser ‘invisibles’

23 de noviembre de 2020

Una de las últimas actualizaciones del Apple Watch incluyó la monitorización de ECG (electrocardiogramas) aprobada por la FDA en EEUU y por el Ministerio de Sanidad en España, y causó sensación tanto en la comunidad médica como en los consumidores.

Mucha gente, pensó que esto era imposible. Algunos especialistas médicos estaban preocupados por las consecuencias que los errores de medida pudieran tener en el día a día de los usuarios. Pero la mayoría, estaban expectantes por ver lo que podía hacer un dispositivo con un monitor de ECG. Una vez que se lanzó el producto, los usuarios pudieron observar y valorar los beneficios.

Sabemos que el Apple Watch no fue el primer dispositivo en aparecer en este segmento de mercado, pero, a diferencia de la mayoría de los fabricantes, Apple comprende que la funcionalidad es solo una parte de lo que hace que un producto tenga éxito. El otro componente crucial es el diseño.

Por qué el diseño es tan importante

En este punto, es importante preguntarse por qué el diseño es tan importante cuando se trata de dispositivos wearables. Después de todo, el objetivo de estos dispositivos es ayudar a los usuarios a vivir una vida sana, estar informados, recibir alertas y notificaciones…

Pero esa lógica ignora un hecho relevante: no importa lo efectivo que sea un dispositivo si nadie quiere usarlo. El diseño, es el que determina si la tecnología creada para salvar vidas, alguna vez tiene la oportunidad de salvarlas realmente.

La dificultad para diseñar tecnología sanitaria wearable

Los problemas de diseño en la comunidad médica tienen su origen en algo más que los ingenieros o la falta de diseñadores de UX.

El problema real consiste en que es difícil crear un producto útil y eficaz que sea cómodo y lo suficientemente elegante como para que te apetezca tenerlo siempre puesto.

Desde un dispositivo fitness que te irrita la piel hasta gafas de realidad aumentada que no te quedan como esperabas, o parches que se caen fácilmente y causan urticaria. La historia de los wearables está llena de productos que casi dan en el blanco pero que, una vez sometidos a la realidad del mercado, no lo hicieron.

Según nuestra experiencia, la invisibilidad es crítica en el diseño de wearables médicos. Si la tecnología va a impactar en el día a día de los usuarios, debe ser lo más discreta posible.

Además, hay que tener en cuenta las restricciones de diseño que imponen las autoridades sanitarias, responsables de aprobar el uso de cualquier tecnología relacionada con la salud. Las regulaciones legales, hacen que mantenerse al día con la última tecnología, sea mucho más difícil.

Estas limitaciones, hacen que los fabricantes de dispositivos médicos tomen el camino fácil y se centren en las funcionalidades relegando el diseño a un segundo plano. Su objetivo es que la eficacia del producto supere las limitaciones de su forma o una experiencia de uso mejorable. Pero esta mentalidad no ayuda a salvar vidas. Los dispositivos que pueden detectar indicadores tempranos de un accidente cerebrovascular o un paro cardíaco, por ejemplo, tienen el potencial de salvar vidas, pero sólo si las personas están dispuestas a usarlos.

La invisibilidad es la clave para hacer que los dispositivos sean utilizables

El diseñador Joe Sparano dijo una vez: “El buen diseño es obvio, el diseño genial es transparente”. Lo que quiso decir, es que los productos mejor diseñados son tan fáciles de usar que los consumidores ni siquiera notan todo el trabajo que supone utilizarlos. Para los desarrolladores de dispositivos médicos, esta cita debería ser un mantra.

Los mejores dispositivos sanitarios portátiles tienden a ser pasivos, y la mayor parte del seguimiento se realiza en segundo plano. No es necesario que enciendas y apagues algo, que lo coloques en un lugar determinado o que sepas lo que está haciendo, simplemente lo usas y recopila y analiza los datos sin que tú lo sepas.

Piénsalo de esta manera: si un wearable es lo más invisible posible, es más probable que los usuarios lo usen de forma regular, precisamente porque olvidarán que lo están usando.

Se necesitan aproximadamente siete segundos para crear una primera impresión. Cuando se trata de wearables médicos, esos siete segundos tienen que ver con el diseño, y pueden significar la diferencia entre un producto que tiene la oportunidad de salvar vidas y uno que se queda en el camino.

Si los fabricantes de dispositivos médicos se toman en serio este nuevo ciclo en el que la mejora y monitorización de la salud se realiza a través de tecnología portátil, deben prestar atención a un diseño discreto.

Solo entonces podrán irrumpir en el campo sanitario y cambiar o salvar vidas.

 

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